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miércoles, 23 de agosto de 2017

EL LADRÓN DE BICICLETAS

EL LADRÓN DE BICICLETAS
Título original: Ladri di biciclette

Fecha de estreno: 26 de agosto de 1949
 

País: Italia
 

Idioma: Italiano
 

Duración: 90 minutos Blanco y negro
 

Director: Vittorio de Sica
 

Guiónistas: Oreste Biancoli, Cesare Zavattini, Suso Cecchi D’Amico, Adolfo Franci, Gherardo Gherardi, V. de Sica y Gerardo Guerrieri
 

Fotografía: Carlo Montuori
 

Música: Alessandro Cicognini
 

Productores: Giuseppe Amato, Vittorio De Sica
 

Montador: Eraldo Da Roma
 

Asistente 1° de dirección: Sergio Leone
 

Productora: Produzioni De Sica
 

Compañías:
Distribución Ente Nazionale Industrie
Cinematografiche
Joseph Burstyn & Arthur Mayer (US)
 

Protagonistas:
Lamberto Maggiorani --- Antonio Ricci
Enzo Staiola --- Bruno Ricci, hijo de Antonio
Lianella Carell --- Maria Ricci, esposa de Antonio
Gino Saltamerenda --- Baiocco, amigo de Antonio
Vittorio Antonucci --- Alfredo Catelli, el ladrón
Giulio Chiari --- Mendigo
Elena Altieri --- La señora de caridad
Carlo Jachino --- Mendigo
Mario Meniconi --- Mario, el barrendero
Michele Sakara --- El Secretario de la Organización de la Caridad
 

Género: Drama, Neorrealismo
 

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SINOPSIS:
Ambientado en un suburbio de la capital italiana, el filme cuenta la historia de Antonio Ricci (Lamberto Maggiorani), un desocupado que encuentra trabajo pegando carteles, lo cual es un gran logro en la situación de posguerra que vive el país, donde el trabajo escasea y obtenerlo es un éxito excepcional. Pero para trabajar debe poseer una bicicleta. Desafortunadamente, el primer día de trabajo le roban la bicicleta mientras pega un cartel cinematográfico. Antonio persigue al ladrón sin resultado alguno. Decide denunciar el robo ante la policía, pero se da cuenta que las fuerzas del orden no pueden ayudarlo a encontrar su bicicleta. Desesperado, busca el apoyo de un compañero de partido, que a su vez moviliza a sus amigos recolectores de basura. Al alba, Antonio, junto a sus compañeros y a su hijo Bruno comienza su búsqueda, primero en la Piazza Vittorio y más tarde en Porta Portese, donde tradicionalmente van a parar los objetos robados. Pero no hay nada que hacer: la bicicleta seguramente ya esté desmontada y será imposible de encontrar. En Porta Portese, Antonio ve al ladrón de su bicicleta, mientras negocia con un viejo vagabundo. Lo persigue sin alcanzarlo, regresa a Porta Portese a encontrar al vagabundo, y lo sigue, hasta un comedor social. Allí le pregunta por su bicicleta y por la identidad del ladrón, pero no obtiene ningún resultado. Exasperado, Antonio acude a una vidente, pero la respuesta de ésta es casi una tomadura de pelo: “o la encuentras ahora o no la encontrarás jamás”. Inmediatamente, al salir de la casa de la vidente, se encuentra con el ladrón de la bicicleta que al final es defendido por todos sus colegas. Antonio habla con un carabinero para explicarle la situación. Entonces éste le contesta que sin testigos del robo no se puede hacer nada. Finalmente, mientras Antonio y Bruno esperan el autobús para regresar a casa, el padre se percata de la existencia de una bicicleta que nadie parece custodiar. Intenta robarla pero la muchedumbre se lanza a atraparlo. Solo los llantos de Bruno consiguen frenarlos e impedir que su padre vaya a la cárcel. Antonio se encuentra ahora tan pobre como antes pero con la vergüenza de haberse colocado al nivel de quien le había robado. El film se cierra con la vuelta a casa de Antonio y Bruno mientras cae la noche sobre la ciudad de Roma.
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LA PELÍCULA:
Ladrón de bicicletas puede considerarse con toda justicia como la segunda película más emblemática y representativa del cine llamado neorrealista; es decir, dentro del periodo dorado del movimiento que abarca diez años comprendidos entre 1945 y 1950. De Sica era un complemento perfecto a la sobriedad, dramatismo y profunda espiritualidad de Rossellini, gracias a su aportación de ternura y delicioso sabor de cotidianeidad. 


La historia está tomada de una novela corta de Luigi Bartolini, quien colaboró en el argumento con Cesare Zavattini para configurar la historia final volcada en el filme. A De Sica le costó mucho levantar el proyecto, ya que los productores no veían nada interesante en esa simple anécdota de un obrero al que le roban la bicicleta y se pasa toda la película buscándola. Aunque parezca increíble, uno de los candidatos masculinos para interpretar el personaje de Antonio Ricci, el humilde obrero, fue el actor de cine Cary Grant, rechazado tajantemente por De Sica, quien, en todo caso hubiera preferido a Henry Fonda, lo que desde luego no era una mala elección. Pero con una estrella del cine americano, Ladrón de bicicletas nunca hubiera trascendido como obra excepcional en su resultado final.
De Sica, finalmente, escogió a Lamberto Maggiorani, un obrero especializado, con el cual hizo un curioso trato: (...)Tú me prestarás tu rostro durante tres meses, pero me vas a dar palabra de que una vez acabada la película volverás a tu puesto en la fábrica(...) Como era de imaginar, el obrero no cumplió su parte del trato y se convirtió en actor durante varios años, aunque su veracidad es real porque se interpreta a sí mismo sin tener en cuenta registros dramáticos o caracterizaciones que cualquier otro actor hubiese estado obligado a adoptar. Lo más fascinante de la película es su novedosa puesta en escena, compuesta por planos largos y contemplativos que dejaban vía libre al movimiento de los actores inmersos en su discurrir cotidiano. De Sica logra con esta estructura involucrar al espectador en los sentimientos del obrero: se alegra cuando consigue el trabajo y se angustia con él durante la fatigosa y desesperada búsqueda de la bicicleta. Impresionante resulta la figura del hijo pequeño, una especie de conciencia del padre, cuya expresividad nos emociona hasta las lágrimas.
Se usa la calle como escenario, los barrios populares, en parte también debido a que los estudios cinematográficos habían sido destruidos por la guerra; y la apuesta, como en esta película, por actores no profesionales, hacen un análisis desgarrador de la situación del momento.


Los guiones, cortos y concisos del gran Cesare Sabatini, reflejan la tristeza, la desolación de la Roma de ese momento.
El humilde matrimonio Ricci, Antonio (Lamberto Maggiorani) y Maria (Lianella Carell) viven, o más bien sobreviven, como pueden, en un barrio popular romano junto a sus dos hijos, un bebé y Bruno (Enzo Staiola), un espabilado chaval de 5 años.Antonio, tras mucho tiempo en paro acaba de encontrar trabajo, como pegador de carteles publicitarios. La única condición que le piden es que ha de llevar su bicicleta:
-“Si no te presentas mañana con la bicicleta, no hay nada que hacer”-. Para recuperar la bicicleta, empeñada en el Monte de Piedad, tiempo atrás, deben vender todas las sábanas de casa, pero están tan contentos todos, que vale la pena el esfuerzo. ¡Qué felicidad la primera jornada laboral! Antonio está contentísimo con este trabajo con el que podrá sacar adelante a su familia. Con su flamante uniforme, llevará a Bruno hasta la gasolinera donde trabaja, montado en su preciada bicicleta.Existe una gran complicidad entre padre e hijo.Y empieza ese primer ansiado día de trabajo; cuando está colocando un cartel (paradójicamente, uno de una despampanante Rita Hayworth), un muchacho le roba la bicicleta, ante la más absoluta impotencia de Antonio, que pasa de la euforia a la desesperación en un minuto.La cara de Antonio lo dice todo, la postura de sus manos, los ojos, la posición de su cuerpo, parece decir, no puede ser, no puede ser...la cámara lo enfoca fijamente. Es uno de los momentos álgidos de la película. Tras denunciar el robo a la policía, Antonio va en busca de Bruno, su pequeño, que lo lleva esperando bastante tiempo y que lógicamente, la primera pregunta que hace a su padre es dónde ha dejado la bicicleta, el más preciado bien de la familia Ricci en aquel momento. El padre triste y cabizbajo, no sabrá que contestar. María, la madre, es el reflejo de la desesperación humana.
Otro rasgo significativo del filme es que todas las angulaciones de cámara están en función de lo que se quiere transmitir. Como por ejemplo, la secuencia en la que con un picado se ve toda la calle mostrándonos la muchedumbre entre la que se pierde el ladrón y la impotencia del trabajador.
La tesis de la película es de una soberbia y tremenda simplicidad, y se eclipsa detrás de una realidad social que a su vez pasa al segundo plano del drama moral y psicológico que bastaría para justificar el film:
La escena en la que el padre de Bruno decide robar la bicicleta tiene una gran importancia en la película porque simboliza un momento clave en la evolución del niño. El personaje asiste a la transformación que sufre su padre, quien pasa de ser héroe a ser un ladrón.
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PREMIOS:
Ladrón de bicicletas ganó el Oscar a la Mejor Película Extranjera en 1949 (Vittorio de Sica había ganado otro Oscar con anterioridad con el filme El limpiabotas (Sciuscia) en 1946. Ladrón de bicicletas también fue candidata al Mejor Guión, y obtuvo el Nastro D’Argento 1949 a la Mejor Película, Argumento, Dirección, Guión, Fotografía y Música; ganó el Premio Especial del Jurado en el IV Festival de Cine de Locarno 1949, el Gran Premio en el Festival Mundial del Cine y el Arte en Belgica 1949, y el Premio de la Brittish Film Academy 1950. En 1958 fue considerada como la Mejor Película de Todos los Tiempos, en la Confrontación de Bruselas. El British Film Institute lo ha incluido dentro de la clasificación, creada en 2005, como una de las 50 obras más adecuadas a un público joven.
La película fue restaurada en julio de 2002 a raíz del Centenario del nacimiento de Vittorio de Sica (7 de julio de 1901). 
 

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EL DIRECTOR:
Vittorio Domenico Stanislao Gaetano Sorano De Sica  nace 07 de julio 1901, en Sora, en la provincia de Terra di Lavoro, en la región de Campania (hoy en provincia de Frosinone, Lacio), hijo del empleado de banco y asegurador Umberto (nacido en Regio de Calabria, pero de origen salernitano) y de la napolitana Teresa Manfridi.
De niño se trasladó a Roma, donde en la década de 1930 consiguió tener su propia compañía teatral e iniciar una segunda carrera cinematográfica como actor y director. En 1922, fue contratado como extra en el grupo teatral de Tatiana Pavlova. El éxito llega rápidamente lo que le permite, en 1928, comenzar una carrera de actor principal en el cine. Actúa en películas de Almeto Calermi (La Vecchia signora, 1932, Napoli d’altri tempi (1938), …) y de Camerini (Gli Uomini, che mascalzoni! (1932)) gracias a la cuales adquiere fama como actor de cine. 



Contrajo matrimonio con Giuditta Rissone, a quien conoció diez años antes y tuvieron una hija, Emi.
De su relación con la actriz barcelonesa María Mercader, nacieron dos hijos: el actor Christian (quien formó un exitoso dúo cómico con Massimo Boldi) y el compositor Manuel. De una relación anterior con la actriz Mimí Muñoz nació la actriz Vicky Lagos. Comienza su vida laboral como empleado, cargo que abandona rápidamente para cumplir con su vocación teatral. En 1922, fue contratado como extra en el grupo teatral de Tatiana Pavlova. El éxito llega rápidamente lo que le permite, en 1928, comenzar una carrera de actor principal en el cine. Actúa en películas de Almeto Calermi (La Vecchia signora, 1932, Napoli d’altri tempi (1938), …) y de Camerini (Gli Uomini, che mascalzoni! (1932)) gracias a la cuales adquiere fama como actor de cine.
Figura clave del movimiento cinematográfico, conocido como neorrealismo italiano, al que contribuyó con dos destacadas películas, escritas en colaboración con Cesare Zavattini: Sciucià (traducida en España como El limpiabotas, Sciuscià es una deformación de la expresión inglesa «shoe shine»: el film narra la historia de un grupo de niños que durante la Segunda Guerra Mundial se ofrecen para trabajar como limpiabotas para los soldados estadounidenses) y su universalmente conocida Ladrón de bicicletas. Vittorio se inició en la escena cuando en 1927 ingresó en calidad de segundo actor joven en la compañía de Sergio Tofano, Luigi Almirante y Giuditta Rissone. Después de estas dos películas continuó con Milagro en Milán, producida en 1950 y Umberto D en 1952. A partir de esta época, De Sica se fue alejando del cine «de autor» para participar en proyectos menos ambiciosos y con una mayor carga comercial. En la década de 1970, volvió el De Sica más personal, con películas como El jardín de los Finzi Contini y el que sería su último filme, El viaje (1974).
La crítica destaca asimismo su film de 1960 La ciociara, conocida en España como Dos mujeres. Habría de valerle a Sophia Loren el Óscar a la mejor actriz.
Una de sus primeras apariciones como actor fue en la película Gli uomini, che mascalzoni! (¡Que descarados son los hombres!) de 1932 en la que canta la famosa canción Parlami d'amore, Mariù y destacó, entre otras muchas películas, en El general della Rovere, donde interpreta a un estafador de poca monta que acepta hacerse pasar por un general badogliano (partidario del presidente del gobierno Pietro Badoglio, militar nombrado para tal cargo por el Rey tras la deposición de Benito Mussolini y el armisticio del 8 de septiembre de 1943) abatido por los alemanes al intentar entrar en Italia para ponerse al frente de la Resistencia, y de la evolución moral del personaje de De Sica de estafador sin principios a héroe de la lucha antinazi.
Para el rodaje de La puerta del cielo, Vittorio de Sica dio trabajo como extras a alrededor de 300 judíos y otros amenazados por el nazismo. Para evitar su captura y deportación, el director de Ladrón de bicicletas prolongó lo más que pudo el trabajo, permitiendo así que pudieran eludir el cerco nazi-fascista hasta la llegada de los aliados en junio de 1944.5?
Falleció el 13 de noviembre de 1974 en Neuilly-sur-Seine, Francia, tras una intervención quirúrgica.


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Referencias:
https://es.wikipedia.org/wiki/Ladri_di_biciclette
Yannick Lemarie. Vittorio de Sica, Le Voleur de bicyclette – College au cinema / Atmospheres 53
https://es.wikipedia.org/wiki/Vittorio_De_Sica

domingo, 25 de septiembre de 2016

BELLÍSIMA - (1951)



 Título original: Bellissima

Año: 1951

Duración: 108 min.

País: Italia

Director: Luchino Visconti

Guión: Suso Cecchi D'Amico, Francesco Rosi, Luchino Visconti, Cesare Zavattini

Música: Franco Mannino, Inspirado en el tema de El elixir de amor de Gaetano Donizetti

Fotografía: Piero Portalupi (B&W)

Montaje: Mario Serandrei

Escenografía: Suso Cecchi D'Amico, Francesco Rosi, Luchino Visconti

Productora: Film Bellissima

Protagonistas:    
 Anna Magnani : Maddalena  Cecconi
Walter Chiari Alberto Annovazzi
Tina Apicella: María Cecconi
Gastone Renzelli: Spartaco Cecconi
Tecla Scarano: Tilde Spernanzoni, la maestra de recitado
Arturo Bragaglia: fotógrafo
Lola Braccini: su mujer
Nora Ricci: la stiratrice
Victorina Bienvenido
Linda Sini: Mimmetta
Teresa Battaggi: la madre snobbish
Gisella Monaldi: el conserje
Alessandro Blasetti , Mario Chiari, Corrado Mantoni: ellos mismos

Premios:   Sindicato Nacional Italiano de Periodistas de Cine Nastro d'Argento
Ganador: Mejor actriz - Anna Magnani

Género: Drama - Neorrealismo

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SINOPSIS: Maddalena Cecconi (Anna Magnani) es una madre que sueña con que su hija María (Tina Apicella) se convierta en una estrella. En esos días el director Alessandro Blasetti (que se representa a sí mismo) está realizando un casting en los estudios Cinecittà para seleccionar a la niña que desempeñará un papel en su nueva película. Maddalena encuentra en el casting la oportunidad que estaba buscando para lanzar a la joven María al estrellato a pesar de su marido, Spartaco (Walter Chiari), que no está de acuerdo en absoluto. Maddalena pondrá todos los medios para conseguir su objetivo, gastando los pocos recursos económicos de los que dispone: inscribe a la pequeña en clases de danza y actuación, contrata a un fotógrafo, servicios de peluquería y sastrería e incluso confía en una especie de manager que le hace creer que tiene los contactos suficientes para que María haga la prueba y que no hace otra cosa que estafarle sin escrúpulos. A pesar de todo, la joven promesa es aceptada en el casting, que lejos de ser una experiencia gratificante y fructífera desemboca en una triste escena en la que el jurado acaba riéndose y mofándose de una pequeña que no puede hacer otra cosa que llorar desconsoladamente ante semejante ofensa. Maddalena, herida por el doloroso espectáculo que acaba de presenciar, reacciona y decide que su orgullo y el de los suyos está por encima de la fama y renuncia al sueño de que su hija sea una estrella, pues no está dispuesta a pagar el precio que ello conlleva, la felicidad de su propia familia.
Anna Magnani





Walter Chiari


 
Tina Apicella







Alessandro_Blasetti
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Después de haber dirigido dos magníficas películas, Ossessione (1943) y La terra trema ( 1948), las cuales forman parte del Neorrealismo, Visconti realiza un breve giro temático y estilístico con su film Bellissima (1954), un melodrama realista que puede verse como testimonio de una época, y, desde luego, disfrutar de la actuación
deesa leyenda llamada Anna Magnani en el papel de la "mamma" italiana protectora a la que por cierto Almodóvar homenajea en su último film Volver con la aparición de unas imágenes de dicho film. Sobre esta película Visconti dirige la mirada en varias direcciones. En una de ellas lo hace sobre un retrato femenino, algo muy querido al director con el cual iba homenajeando a su querida madre, Donna Carla Erba. De hecho, si observamos detenidamente, la mujer es un elemento presente a lo largo de su filmografía, retratándola desde diversos ángulos. En esta película es la Mamma italiana, la madre protectora, la madre coraje. Visconti relata el ambiente de posguerra y las estrecheces de los italianos que los obligan a acudir a estas pruebas o castings con el sueño de ver triunfar a sus hijos, que se hagan famosos. Unos seres atrapados por la magia de Hollywood y sus fastos. Las imágenes del concurso lógicamente nos llevan a los actuales concursos en la memoria de todos. El cine que fue la ventana al mundo con el Neorrealismo, aquí se presenta como la fábrica de sueños imposibles, mostrando Cinecittá y sus escenarios de cartón piedra, luces, técnicos fracasados, ruido o confusión. En medio, la derrota, los vencidos (tema caracterestico en el cine de Visconti). Un melodrama populista sobre el que Visconti formula algunas consideraciones sobre las clases humildes italianas. Pier Paolo Pasolini, más adelante, en una temática parecida pero lejos de los postulados neorrealistas, filmará Mamma Roma (1962), retrato de una madre y del proletariado romano de los arrabales de la gran ciudad. Visconti contrapone dos mundos: por un lado la protagonista (Anna Magnani), modelo de humanismo y autenticidad y, por otro, el mundo del cine, sinónimo de engaños y falsas realidades. Visconti toca de nuevo el mundo de los explotados en pos de la supervivencia. Bellissima es y no es un film neorrealista. Participa del movimiento que más difusión dio al cine italiano de todos los tiempos en el retrato terso de la gente y sus vidas, sus miserias, ilusiones y, sobre todo, desilusiones, y también en su atmósfera costumbrista y en la atenta observación, en definitiva, de la vida de la calle. Hasta aquí, un aspecto del film, pero no olvidemos lo que fue objeto esencial de su obra: el melodrama que corre a lo largo de toda su obra. La pasión de sus criaturas, el destino al que se ven arrastrados por las circunstacias sociales, políticas, familiares. Esta historia, la de una mujer fascinada por ese cine que desde el patio de su casa contempla al atardecer (fascinación que bien subrayan John Wayne y Monty Clift en Rio Rojo) decide llevar a su pequeña hija a los estudios de Cinecittá a realizar una prueba para actriz. Claro ejemplo, imagen de lo que es hoy Operación Triunfo la búsqueda de la fama y la gloria.Los oropeles prometidos por los sueños de la pantalla se devanecen al entrar en contacto con la realidad y toda ilusión se torna desesperanza.
(Comentario de Luis Maccanti)

 EL DIRECTOR: LUCHINO VISCONTI
Luchino Visconti di Modrone, conde de Lonate Pozzolo (Milán, 2 de noviembre de 1906 – Roma, 17 de marzo de 1976), fue un aristócrata, director de ópera y de cine italiano. Ha sido uno de los cineastas italianos contemporáneos más reconocidos a nivel internacional.
Luchino Visconti nació en Milán, Lombardía, Italia, en 1906, en el seno de una familia de la más antigua aristocracia lombarda, los Visconti, cuyo linaje se remonta al Renacimiento. Era hijo del duque Giuseppe Visconti di Modrone, y de Carla Erba, hija de un poderoso industrial milanés.
Desde muy joven se vinculó al teatro de la Scala de Milán, (convirtiéndose la ópera en una de sus pasiones), medio de expresión artístico con el que su abuelo, el duque Guido Visconti, y su tío Huberto Visconti mantuvieron una estrecha relación, pues ambos fueron sovrintendenti (superintendentes) del teatro de la Scala.
En 1935 se trasladó a París, donde gracias a Coco Chanel se vincula y colabora con el cineasta francés Jean Renoir, con quien participó como asistente de dirección en Los Bajos Fondos (1936) y como asistente y diseñador de vestuario en Una partida de campo (Une Partie de Campagne) (1937).
Su obra luego se aproxima a los principios artísticos del neorrealismo. Obsesión (de 1943) fue la primera película neorrealista, movimiento que toma como antecedente al novelista Giovanni Verga; introdujo una nueva visión del cine, de la dirección de actores (frecuentemente no profesionales) y en la concepción de la realidad y de los problemas sociales. El neorrealismo no fue una escuela con principios y personalidades artísticas totalmente concordantes, ni en los directores ni en los guionistas, de ahí que se ha sostenido la existencia de una línea más idealista, representada por Roberto Rossellini, y otra, más próxima al marxismo o a las concepciones sociales afines, representada justamente por Visconti, entre otros.
Uno de los teóricos marxistas más importantes del neorrealismo fue Guido Aristarco, autor de La disolución de la razón —discurso sobre el cine—, quien consideró que La tierra tiembla (La terra trema, de 1948) era la película más lograda y avanzada ideológica y estéticamente, que emprendía una búsqueda del hombre ante las cosas que no las sometía a éstas como permanentes por sí mismas, lo que constituiría una alienación, y que tampoco admitía una naturaleza humana inmutable (cine antropomórfico de Visconti).
Con Obsesión en 1943, película de fuerte influencia renoiriana, Visconti trataba temas no aceptables hasta entonces por la censura fascista sobre la base de una novela de James M. Cain, El cartero llama dos veces, narrando el asesinato de un hombre cometido por el amante de su esposa. Lo que más impactó a la sociedad italiana de la época, más allá de la excelente dirección de actores y la minuciosidad de estilo, fue el clima de opresión y el ámbito sórdido que se percibía en el film, pese a no tener aparentes implicancias políticas.
Los años que siguieron hasta su segunda realización, La tierra tiembla (La terra trema, 1948), encontraron a Visconti comprometido con la lucha antifascista y la resistencia italiana. Las duras condiciones de vida de los pescadores, campesinos y obreros del sur italiano acapararon su atención, y sirvieron de inspiración a su nuevo film, el cual fue un fracaso económico, pero ubicó a Visconti en la cima de la escena política y social de la época, por el compromiso moral y humano que había enfrentado.
En los años 50, después de filmar Bellísima, protagonizada por Anna Magnani, melodrama ambientado en el mundo cinematográfico, Visconti encaró el tema del Risorgimento y la unidad italiana con Senso, una historia de amor ambientada en los momentos más dramáticos del Risorgimento y una visión crítica que otra vez abrió el camino para que la censura se impusiera con toda su fuerza. Esa concepción totalizadora del Risorgimento se completó con la inclusión de un aspecto cultural importante: una ópera de Verdi y el espíritu del melodrama verdiano como médula de la película.
 
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 "¿Qué me ha llevado a una actividad creativa en el cine? (actividad creativa: obra de un hombre viviente en medio de los hombres)Con este término queda claro que me refiero a todos los hombres y no sólo al dominio de los artistas. Cada trabajador, viviendo, crea: siempre que pueda vivir. Es decir: siempre que las condiciones de su ocupación sean libres y abiertas; tanto para el artista, como para el artesano, como para el obrero. No el reclamo prepotente de una presunta vocación, concepto romántico lejano de nuestra realidad actual, término abstracto, acuñado para comodidad de los artistas, para contraponer el privilegio de su estatus a aquel de las demás personas. La vocación no existe, pero, en cambio, existe la conciencia de la experiencia propia, el desarrollo dialéctico de la vida de un hombre en contacto con otros hombres, pienso que sólo a través de una sufrida experiencia, cotidianamente estimulada por un afectuoso y objetivo examen de la condición humana, se pueda por fin alcanzar la especialización. Pero alcanzar, no significa en modo alguno encerrarse rompiendo los estrechos lazos que nos unen con lo social, como sucede a muchos, al punto que la especialización termina prestándose a culpables evasiones de la realidad, en palabras más crudas: a transformarse en cobarde abstención. No quiero decir que cada trabajo no sea particular y en cierto modo una profesión. Pero será válido sólo si se traduce en el producto de múltiples testimonios de vida, será válido sólo en cuanto sea una manifestación vital. El cine me atrajo porque en él confluyen y se coordinan las exigencias de muchos. Es claro que la responsabilidad humana del director resulta extraordinariamente intensa. A menos que esté condicionada por una decadente visión del mundo, esta vendrá encaminada por el camino más justo. Al cine me ha llevado sobre todo el empeño de contar historias de hombres vivos: de hombres vivos en las cosas, no las cosas por si mismas. " - ( LUCHINO VISCONTI )
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VER LA PELÍCULA COMPLETA ( CLIC ) AQUÍ
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Referencias:
https://es.wikipedia.org/wiki/Bell%C3%ADsima_(pel%C3%ADcula)
http://fama2.us.es/fco/frame/frame4/criticas/1.12.pdf
http://www.auladecine.ulpgc.es/cine/historial/No150_NEW-Bellisima.pdf
https://es.wikipedia.org/wiki/Luchino_Visconti

miércoles, 13 de julio de 2016

MILAGRO EN MILÁN - (1951)


Película: MILAGRO EN MILÁN  - (1951)

Título original: Miracolo a Milano

País: Italia

Duración: 92 minutos

Director: Vittorio De Sica

Guión: Cesare Zavattini, Vittorio De Sica, Suso Cecchi D'Amico, Mario Chiari, Adolfo Franci

Música: Alessandro Cicognini

Protagonistas: Francesco Golisano, Emma Gramatica, Paolo Stoppa, Guglielmo Barnabó, Flora Cambi, Brunella Bovo, Alba Arnova, Anna Carena, Virgilio Riento, Arturo Bragaglia

Película clasificada como comedia neorrealista

SINOPSIS: La anciana Lolotta encuentra un niño en su huerto encima de un repollo. Decide criarlo con el nombre de Totó y lo educa a su manera. A la muerte de su madre adoptiva, Totó es llevado a un orfanato y cuando sale, ya mayor, se une a un grupo de indigentes que viven en unas barracas a las afueras de Milán.  Un buen día, en una fiesta de la favela,donde hasta se rifa un pollo asado, haciendo un hoyo para colocar un poste sale agua.Todos bailan, hasta que alguien se da cuenta de que es petróleo. El ambicioso y antisocial  Rappi decide comunicárselo al dueño del terreno, el señor Mobbi y otros socios y ricos crápulas que desean el terreno y por el cual no dudarán el expulsarles. Entonces surge el espíritu de la anciana Lolotta que le entrega una paloma al bueno de Totó, Y aquí comienzan los problemas por la codicia de un lugar que para el dueño Mobbi es un pozo de petróleo y para los pobres es su hogar, su lugar en el mundo, su refugio. Al final todos los pobres, salidos de los carros de detención, montan en las escobas de los barrenderos, que se encuentran en la plaza de la ciudad, para salir volando de aquél lugar.

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El 8 de Febrero de 1951, hace hoy ya 60 años, se estrenaba en Italia “Milagro en Milán” (Miracolo a Milano), uno de los mejores y más mágicos títulos en la filmografía de Vittorio De Sica y una película emblemática del neorrealismo italiano producida por el propio cineasta.
Alegoría fantástica sobre la pobreza y la injusticia social basada en “Totó il buono”, novela de Cesare Zavattini, fue adaptada al cine por Suso Cecchi D’Amico, De Sica y el propio Zavattini, acompañando a unas bellas imágenes en blanco y negro la maravillosa música de Alessandro Cicognini.
Esta preciosa historia nos es contada, además, a través de unos mágicos personajes. Como Totò, su protagonista, interpretado con gran maestría por Francesco Golisano, actor nacido en Roma en 1929 que murió prematuramente a los 28 años de edad en un accidente de tráfico.
Golisano tan sólo nos dejó seis películas, pero su personaje de Totò le proporcionó merecidamente un sitio de honor en la historia del cine.
O como la anciana Lolotta interpretada por Emma Gramatica, célebre actriz italiana de teatro y cine que en 1916 fundó su propia compañía, en 1932 dirigió “La vieja dama” y en 1954 escribió el guión de “Peppino e la nobile dama”.
O como Edvige, la muchacha protagonista interpretada en esta historia por Brunella Bovo. Nacida en Padua, Brunella rodaba aquí su segunda película.
O como el egoísta y malvado Rappi al que da vida magistralmente Paolo Stoppa. Actor italiano de títulos tan conocidos como “Estación Termini”, “Mi tío Jacinto”, “Rocco y sus hermanos”, “El gatopardo” o “Hasta que llegó su hora”, a Stoppa le recordaremos siempre por su papel de Don Salvador, el genuino maestro de “Los Jueves, milagro”.
Y un auténtico reparto de lujo que completa uno de los mejores conjuntos de personajes de la historia del cine.
Para los efectos especiales de la película, Vittorio De Sica se trajo de América al especialista en efectos Ned Mann, que aquí hacía su último trabajo pero ya había dejado su huella en otros como “La Pimpinela Escarlata”, “El fantasma va al Oeste”, “Rembrandt”, “Fuego sobre Inglaterra” o “Ana Karenina”.
“Milagro en Milán” obtuvo el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes y fue elegida como la mejor película de habla no inglesa por el Círculo de Escritores Cinematográficos de Nueva York. También recibió el Silver Ribbon a la mejor escenografía en los Italian National Syndicate of Film Journalist y fue nominada a la mejor película y mejor actor (Francesco Golisano) en los británicos Premios Bafta.
“Milagro en Milán” es una de esas películas que, tras verla, te hace querer ser tan buena persona como Totò, su protagonista. O, como poco, parecerte a él.
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Vittorio Domenico Stanislao Gaetano Sorano De Sica, conocido como Vittorio De Sica, fue un director y actor italiano, que destacó sobretodo por sus películas neorrealistas de la Italia de los años 40, etapa que culminó con la trilogía compuesta por ‘Ladrón de Bicicletas‘ (1948), ‘Milagro en Milán‘ (1951) y ‘Umberto D.‘ (1952).