miércoles, 23 de agosto de 2017

EL LADRÓN DE BICICLETAS

EL LADRÓN DE BICICLETAS
Título original: Ladri di biciclette

Fecha de estreno: 26 de agosto de 1949
 

País: Italia
 

Idioma: Italiano
 

Duración: 90 minutos Blanco y negro
 

Director: Vittorio de Sica
 

Guiónistas: Oreste Biancoli, Cesare Zavattini, Suso Cecchi D’Amico, Adolfo Franci, Gherardo Gherardi, V. de Sica y Gerardo Guerrieri
 

Fotografía: Carlo Montuori
 

Música: Alessandro Cicognini
 

Productores: Giuseppe Amato, Vittorio De Sica
 

Montador: Eraldo Da Roma
 

Asistente 1° de dirección: Sergio Leone
 

Productora: Produzioni De Sica
 

Compañías:
Distribución Ente Nazionale Industrie
Cinematografiche
Joseph Burstyn & Arthur Mayer (US)
 

Protagonistas:
Lamberto Maggiorani --- Antonio Ricci
Enzo Staiola --- Bruno Ricci, hijo de Antonio
Lianella Carell --- Maria Ricci, esposa de Antonio
Gino Saltamerenda --- Baiocco, amigo de Antonio
Vittorio Antonucci --- Alfredo Catelli, el ladrón
Giulio Chiari --- Mendigo
Elena Altieri --- La señora de caridad
Carlo Jachino --- Mendigo
Mario Meniconi --- Mario, el barrendero
Michele Sakara --- El Secretario de la Organización de la Caridad
 

Género: Drama, Neorrealismo
 

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SINOPSIS:
Ambientado en un suburbio de la capital italiana, el filme cuenta la historia de Antonio Ricci (Lamberto Maggiorani), un desocupado que encuentra trabajo pegando carteles, lo cual es un gran logro en la situación de posguerra que vive el país, donde el trabajo escasea y obtenerlo es un éxito excepcional. Pero para trabajar debe poseer una bicicleta. Desafortunadamente, el primer día de trabajo le roban la bicicleta mientras pega un cartel cinematográfico. Antonio persigue al ladrón sin resultado alguno. Decide denunciar el robo ante la policía, pero se da cuenta que las fuerzas del orden no pueden ayudarlo a encontrar su bicicleta. Desesperado, busca el apoyo de un compañero de partido, que a su vez moviliza a sus amigos recolectores de basura. Al alba, Antonio, junto a sus compañeros y a su hijo Bruno comienza su búsqueda, primero en la Piazza Vittorio y más tarde en Porta Portese, donde tradicionalmente van a parar los objetos robados. Pero no hay nada que hacer: la bicicleta seguramente ya esté desmontada y será imposible de encontrar. En Porta Portese, Antonio ve al ladrón de su bicicleta, mientras negocia con un viejo vagabundo. Lo persigue sin alcanzarlo, regresa a Porta Portese a encontrar al vagabundo, y lo sigue, hasta un comedor social. Allí le pregunta por su bicicleta y por la identidad del ladrón, pero no obtiene ningún resultado. Exasperado, Antonio acude a una vidente, pero la respuesta de ésta es casi una tomadura de pelo: “o la encuentras ahora o no la encontrarás jamás”. Inmediatamente, al salir de la casa de la vidente, se encuentra con el ladrón de la bicicleta que al final es defendido por todos sus colegas. Antonio habla con un carabinero para explicarle la situación. Entonces éste le contesta que sin testigos del robo no se puede hacer nada. Finalmente, mientras Antonio y Bruno esperan el autobús para regresar a casa, el padre se percata de la existencia de una bicicleta que nadie parece custodiar. Intenta robarla pero la muchedumbre se lanza a atraparlo. Solo los llantos de Bruno consiguen frenarlos e impedir que su padre vaya a la cárcel. Antonio se encuentra ahora tan pobre como antes pero con la vergüenza de haberse colocado al nivel de quien le había robado. El film se cierra con la vuelta a casa de Antonio y Bruno mientras cae la noche sobre la ciudad de Roma.
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LA PELÍCULA:
Ladrón de bicicletas puede considerarse con toda justicia como la segunda película más emblemática y representativa del cine llamado neorrealista; es decir, dentro del periodo dorado del movimiento que abarca diez años comprendidos entre 1945 y 1950. De Sica era un complemento perfecto a la sobriedad, dramatismo y profunda espiritualidad de Rossellini, gracias a su aportación de ternura y delicioso sabor de cotidianeidad. 


La historia está tomada de una novela corta de Luigi Bartolini, quien colaboró en el argumento con Cesare Zavattini para configurar la historia final volcada en el filme. A De Sica le costó mucho levantar el proyecto, ya que los productores no veían nada interesante en esa simple anécdota de un obrero al que le roban la bicicleta y se pasa toda la película buscándola. Aunque parezca increíble, uno de los candidatos masculinos para interpretar el personaje de Antonio Ricci, el humilde obrero, fue el actor de cine Cary Grant, rechazado tajantemente por De Sica, quien, en todo caso hubiera preferido a Henry Fonda, lo que desde luego no era una mala elección. Pero con una estrella del cine americano, Ladrón de bicicletas nunca hubiera trascendido como obra excepcional en su resultado final.
De Sica, finalmente, escogió a Lamberto Maggiorani, un obrero especializado, con el cual hizo un curioso trato: (...)Tú me prestarás tu rostro durante tres meses, pero me vas a dar palabra de que una vez acabada la película volverás a tu puesto en la fábrica(...) Como era de imaginar, el obrero no cumplió su parte del trato y se convirtió en actor durante varios años, aunque su veracidad es real porque se interpreta a sí mismo sin tener en cuenta registros dramáticos o caracterizaciones que cualquier otro actor hubiese estado obligado a adoptar. Lo más fascinante de la película es su novedosa puesta en escena, compuesta por planos largos y contemplativos que dejaban vía libre al movimiento de los actores inmersos en su discurrir cotidiano. De Sica logra con esta estructura involucrar al espectador en los sentimientos del obrero: se alegra cuando consigue el trabajo y se angustia con él durante la fatigosa y desesperada búsqueda de la bicicleta. Impresionante resulta la figura del hijo pequeño, una especie de conciencia del padre, cuya expresividad nos emociona hasta las lágrimas.
Se usa la calle como escenario, los barrios populares, en parte también debido a que los estudios cinematográficos habían sido destruidos por la guerra; y la apuesta, como en esta película, por actores no profesionales, hacen un análisis desgarrador de la situación del momento.


Los guiones, cortos y concisos del gran Cesare Sabatini, reflejan la tristeza, la desolación de la Roma de ese momento.
El humilde matrimonio Ricci, Antonio (Lamberto Maggiorani) y Maria (Lianella Carell) viven, o más bien sobreviven, como pueden, en un barrio popular romano junto a sus dos hijos, un bebé y Bruno (Enzo Staiola), un espabilado chaval de 5 años.Antonio, tras mucho tiempo en paro acaba de encontrar trabajo, como pegador de carteles publicitarios. La única condición que le piden es que ha de llevar su bicicleta:
-“Si no te presentas mañana con la bicicleta, no hay nada que hacer”-. Para recuperar la bicicleta, empeñada en el Monte de Piedad, tiempo atrás, deben vender todas las sábanas de casa, pero están tan contentos todos, que vale la pena el esfuerzo. ¡Qué felicidad la primera jornada laboral! Antonio está contentísimo con este trabajo con el que podrá sacar adelante a su familia. Con su flamante uniforme, llevará a Bruno hasta la gasolinera donde trabaja, montado en su preciada bicicleta.Existe una gran complicidad entre padre e hijo.Y empieza ese primer ansiado día de trabajo; cuando está colocando un cartel (paradójicamente, uno de una despampanante Rita Hayworth), un muchacho le roba la bicicleta, ante la más absoluta impotencia de Antonio, que pasa de la euforia a la desesperación en un minuto.La cara de Antonio lo dice todo, la postura de sus manos, los ojos, la posición de su cuerpo, parece decir, no puede ser, no puede ser...la cámara lo enfoca fijamente. Es uno de los momentos álgidos de la película. Tras denunciar el robo a la policía, Antonio va en busca de Bruno, su pequeño, que lo lleva esperando bastante tiempo y que lógicamente, la primera pregunta que hace a su padre es dónde ha dejado la bicicleta, el más preciado bien de la familia Ricci en aquel momento. El padre triste y cabizbajo, no sabrá que contestar. María, la madre, es el reflejo de la desesperación humana.
Otro rasgo significativo del filme es que todas las angulaciones de cámara están en función de lo que se quiere transmitir. Como por ejemplo, la secuencia en la que con un picado se ve toda la calle mostrándonos la muchedumbre entre la que se pierde el ladrón y la impotencia del trabajador.
La tesis de la película es de una soberbia y tremenda simplicidad, y se eclipsa detrás de una realidad social que a su vez pasa al segundo plano del drama moral y psicológico que bastaría para justificar el film:
La escena en la que el padre de Bruno decide robar la bicicleta tiene una gran importancia en la película porque simboliza un momento clave en la evolución del niño. El personaje asiste a la transformación que sufre su padre, quien pasa de ser héroe a ser un ladrón.
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PREMIOS:
Ladrón de bicicletas ganó el Oscar a la Mejor Película Extranjera en 1949 (Vittorio de Sica había ganado otro Oscar con anterioridad con el filme El limpiabotas (Sciuscia) en 1946. Ladrón de bicicletas también fue candidata al Mejor Guión, y obtuvo el Nastro D’Argento 1949 a la Mejor Película, Argumento, Dirección, Guión, Fotografía y Música; ganó el Premio Especial del Jurado en el IV Festival de Cine de Locarno 1949, el Gran Premio en el Festival Mundial del Cine y el Arte en Belgica 1949, y el Premio de la Brittish Film Academy 1950. En 1958 fue considerada como la Mejor Película de Todos los Tiempos, en la Confrontación de Bruselas. El British Film Institute lo ha incluido dentro de la clasificación, creada en 2005, como una de las 50 obras más adecuadas a un público joven.
La película fue restaurada en julio de 2002 a raíz del Centenario del nacimiento de Vittorio de Sica (7 de julio de 1901). 
 

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EL DIRECTOR:
Vittorio Domenico Stanislao Gaetano Sorano De Sica  nace 07 de julio 1901, en Sora, en la provincia de Terra di Lavoro, en la región de Campania (hoy en provincia de Frosinone, Lacio), hijo del empleado de banco y asegurador Umberto (nacido en Regio de Calabria, pero de origen salernitano) y de la napolitana Teresa Manfridi.
De niño se trasladó a Roma, donde en la década de 1930 consiguió tener su propia compañía teatral e iniciar una segunda carrera cinematográfica como actor y director. En 1922, fue contratado como extra en el grupo teatral de Tatiana Pavlova. El éxito llega rápidamente lo que le permite, en 1928, comenzar una carrera de actor principal en el cine. Actúa en películas de Almeto Calermi (La Vecchia signora, 1932, Napoli d’altri tempi (1938), …) y de Camerini (Gli Uomini, che mascalzoni! (1932)) gracias a la cuales adquiere fama como actor de cine. 



Contrajo matrimonio con Giuditta Rissone, a quien conoció diez años antes y tuvieron una hija, Emi.
De su relación con la actriz barcelonesa María Mercader, nacieron dos hijos: el actor Christian (quien formó un exitoso dúo cómico con Massimo Boldi) y el compositor Manuel. De una relación anterior con la actriz Mimí Muñoz nació la actriz Vicky Lagos. Comienza su vida laboral como empleado, cargo que abandona rápidamente para cumplir con su vocación teatral. En 1922, fue contratado como extra en el grupo teatral de Tatiana Pavlova. El éxito llega rápidamente lo que le permite, en 1928, comenzar una carrera de actor principal en el cine. Actúa en películas de Almeto Calermi (La Vecchia signora, 1932, Napoli d’altri tempi (1938), …) y de Camerini (Gli Uomini, che mascalzoni! (1932)) gracias a la cuales adquiere fama como actor de cine.
Figura clave del movimiento cinematográfico, conocido como neorrealismo italiano, al que contribuyó con dos destacadas películas, escritas en colaboración con Cesare Zavattini: Sciucià (traducida en España como El limpiabotas, Sciuscià es una deformación de la expresión inglesa «shoe shine»: el film narra la historia de un grupo de niños que durante la Segunda Guerra Mundial se ofrecen para trabajar como limpiabotas para los soldados estadounidenses) y su universalmente conocida Ladrón de bicicletas. Vittorio se inició en la escena cuando en 1927 ingresó en calidad de segundo actor joven en la compañía de Sergio Tofano, Luigi Almirante y Giuditta Rissone. Después de estas dos películas continuó con Milagro en Milán, producida en 1950 y Umberto D en 1952. A partir de esta época, De Sica se fue alejando del cine «de autor» para participar en proyectos menos ambiciosos y con una mayor carga comercial. En la década de 1970, volvió el De Sica más personal, con películas como El jardín de los Finzi Contini y el que sería su último filme, El viaje (1974).
La crítica destaca asimismo su film de 1960 La ciociara, conocida en España como Dos mujeres. Habría de valerle a Sophia Loren el Óscar a la mejor actriz.
Una de sus primeras apariciones como actor fue en la película Gli uomini, che mascalzoni! (¡Que descarados son los hombres!) de 1932 en la que canta la famosa canción Parlami d'amore, Mariù y destacó, entre otras muchas películas, en El general della Rovere, donde interpreta a un estafador de poca monta que acepta hacerse pasar por un general badogliano (partidario del presidente del gobierno Pietro Badoglio, militar nombrado para tal cargo por el Rey tras la deposición de Benito Mussolini y el armisticio del 8 de septiembre de 1943) abatido por los alemanes al intentar entrar en Italia para ponerse al frente de la Resistencia, y de la evolución moral del personaje de De Sica de estafador sin principios a héroe de la lucha antinazi.
Para el rodaje de La puerta del cielo, Vittorio de Sica dio trabajo como extras a alrededor de 300 judíos y otros amenazados por el nazismo. Para evitar su captura y deportación, el director de Ladrón de bicicletas prolongó lo más que pudo el trabajo, permitiendo así que pudieran eludir el cerco nazi-fascista hasta la llegada de los aliados en junio de 1944.5?
Falleció el 13 de noviembre de 1974 en Neuilly-sur-Seine, Francia, tras una intervención quirúrgica.


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Referencias:
https://es.wikipedia.org/wiki/Ladri_di_biciclette
Yannick Lemarie. Vittorio de Sica, Le Voleur de bicyclette – College au cinema / Atmospheres 53
https://es.wikipedia.org/wiki/Vittorio_De_Sica